17º FICLPGC: BREVE BALANCE

Nacho Bello

El domingo pasado se proyectaron en el Multicines Monopol las últimas películas de esta última edición del Festival Internacional de Cine de Las Palmas. En lo que a mí respecta, este año he intentado asistir a todas las sesiones que he podido. Aunque me he quedado sin poder ver algunos títulos, creo que es posible realizar un breve balance de las películas proyectadas.

En general, los espectadores de la ciudad de Las Palmas tuvimos la oportunidad durante esta semana de visionar propuestas interesantes, caracterizadas por su calidad tanto en términos artísticos como narrativos, a las que el público, por su parte, respondió bastante bien. Pocas salas vacías recuerdo ver. En cuanto a las películas en sí, Knife in the clear water fue una de mis preferidas, en donde se nos traslada a la China musulmana, prácticamente desconocida para nosotros, a través de la disyuntiva que vive una familia para sacrificar al único buey que poseen. Sus largos y pausados planos secuencias resultaban bellos e hipnóticos, a la vez que cargados de realismo. También he de destacar aquí Un minuto de gloria, de K. Grozeva y P. Valchanov –de la que se puede ver en filmin La lección, película anterior de esta pareja de directores, muy recomendable-, Inimi cicatrizate, Lo tuyo y tú, o Harmonium. El otro lado de la esperanza, de Kaurismäki, con su lenguaje accesible, fue también otra propuesta interesante. Lamento, por otra parte, no haber podido ver The woman who left, de Lav Díaz.

En cuanto a películas de no-ficción, Cuatreros, Sobre la marcha y Austerlitz son las más destacables. Austerlitz en especial se hace una contundente denuncia del fenómeno del turismo de masas que se ha apoderado de los antiguos campos de exterminio nazis. En sus tortuosos -pero necesarios- noventa minutos de metraje, vemos entrar y salir de uno de ellos a numerosos turistas que visitan este lugar como si estuviesen visitando la Alhambra, la Sagrada Familia o el Louvre.

Hubo sin embargo títulos que no me llegaron a convencer del todo: entre ellos, Pariente, Kékszakállú o Personal Shopper. También he de meter en este apartado a los largometrajes canarios en concurso. No obstante, The vanished dream tenía un buen acabado, y La forma del mundo –que de los largometrajes canarios fue el que más me gustó- nos acerca a la realidad de los ranchos de ánimas, una de las pocas costumbres populares que no han sido corrompidas, adulteradas, por el turismo, y que se aborda en la parte de no-ficción con un lenguaje cinematográfico exquisito.

Las sesiones de cortometrajes por su parte, tanto los de Canarias Cinema como de la Sección Oficial, valieron la pena. A diferencia de los largometrajes, los cortometrajes canarios sí tuvieron el nivel y la altura esperados. Destacaré aquí Popoff, Concoct or wander, Paraíso por descubir, Sub terrae o El desembarco. De la Sección Oficial cabe mencionar Slapper, Nyo Vweta Nafta, Zvir, Studio 5, Goût Bacon, Centauro, El Becerro Pintado y No´i. De decir que, si bien algunas sesiones y cortos sí que mostraban cierta afinidad estilística y narrativa con los de Canarias Cinema, otros sí que diferían en estos aspectos de los locales.

            Ya para finalizar, me ha llamado la atención el protagonismo que el formato de pantalla 4:3 está teniendo actualmente dentro del cine independiente y de autor, al menos en el que el Festival ha programado en este año: películas como Inimi cicatrizate, Knife in the clear wáter o Slapper estaban rodadas con dicho formato. Por lo demás, solo me queda felicitar al equipo que ha hecho posible que este Festival siga en pie un año más, y esperemos que se puedan seguir celebrando muchas más ediciones del mismo.

Lástima que terminó… el Festival de hoy

José Acevedo

Ya se acabó el LPA Film Festival de este año. Aunque no pude asistir a tantas películas como me hubiese gustado, creo que la de este año ha sido una buena edición (no digo que la de años anteriores no lo haya sido). Se han visto películas interesantes y el público ha respondido bastante bien. Al menos esa es mi percepción (no sé lo que dirán las cifras). Cuando yo asistí, las salas estaban prácticamente llenas, y con un público variado que parecía disfrutar de las películas que se habían programado. Al menos de muchas de ellas (siempre hay excepciones). Con la bancarrota del cine de Hollywood, cada vez son más los que interesan por otras cinematografías y por otras propuestas.

El Festival tiene cierta fama (quizás merecida, quizás incluso buscada) de ser un evento para la exhibición de películas raras, formalmente radicales, incomprensibles para la mayoría de la gente, accesibles a una minoría muy minoritaria. Sin embargo, en esta edición (no digo que la de años anteriores sí que lo haya sido) no creo que esa haya sido la tónica dominante. De hecho se proyectaron películas que ofrecían interesantes reflexiones en un lenguaje perfectamente comprensible para cualquiera. Son, por ejemplo, los casos de la última del finlandés Kaurismaki (El otro lado de la esperanza), la japonesa Harmonium (de Kôji Fukada) o el ensayo documental I am not your negro (de Raoul Peck), todas ellas de la sección oficial.

[Un minuto de gloria]

De la sección Panorama sólo pude ver dos: la búlgara Un minuto de gloria, de Kristina Grozeva y Petar Valchanov (directores de la magnífica The Lesson), resultó interesante, amena y formalmente accesible. Distinta fue la alemana Austerlitz, de Sergei Loznitsa, en la que se denuncia la mercantilización para el turismo de masas de los campos de concentración nazis. Hubo gente que no la aguantó. Incluso se escuchó a alguien comentar que era la peor película que había visto en toda su vida. No obstante, si uno tiene un poco de paciencia y tranquilidad y no está muy cansado, la película ofrece un interés indudable. De hecho, creo que Austerlitz es una de esas películas que no se pueden olvidar. En el buen sentido. El plano final, donde se ve a los turistas salir sonrientes del campo de concentración, me resultó demoledor.
Y seguramente no fue Austerlitz la única peli “dura” de este Festival. Pero de todo tiene que haber. Y de todo hubo. Personalmente, creo que se proyectaron películas que valían mucho la pena. Además de las que he mencionado antes, me gustó mucho Yoyo, del francés Etaix (1965), que se incluyó en la sección Iosseliani y Compañía. Me interesaron también, especialmente —por la historia que narran—The vanished dream, de Juan S. Betancor, que se llevó el Richard Leacock al mejor
largo canario; y La forma del mundo, de David Delgado San Ginés.

No obstante –y siendo sincero- he de decir que ninguno de los largometrajes que vi me llegó a emocionar realmente. A diferencia de lo que me sucedió con los cortos. En este caso pude verlos todos (oficiales y canarios); y hubo varios que sí que me impactaron. La australiana Slapper, de Luci Schroder; la croata The beast, de Miroslav Sikavica y la canaria Sub Terrae, de Nayra Sanz, que competía en la sección Canarias Cinema, en parte —supongo— porque la ausencia de nominación en algún prestigioso festival europeo dificultaba el acceso a una sección oficial excesivamente dependiente del reconocimiento previo (en mi opinión, Sub Terrae no hubiese desentonado lo más mínimo en esa sección).

[The beast]

Distinto fue el caso del también canario David Pantaleón, avalado por la selección en Róterdam, que pudo competir —y ganar—la sección oficial de cortos con El becerro pintado, un trabajo que, evidentemente, estaba a la altura de sus foráneos competidores. Aunque no soy un amante del cine de Pantaleón, me alegro mucho de su triunfo en esta edición del Festival. El becerro pintado es, sin duda, un buen trabajo y se lo merece.

[El becerro pintado]

Chicago, Gijón, Nueva York, Róterdam y Toronto “avalaban” también al ganador del Richard Leacock al mejor corto canario. Con Montañas ardientes que vomitan fuego, Samuel M. Delgado y Helena Girón continúan en la línea formal de su anterior trabajo (el sorprendente y original Sin Dios ni Santa María) aunque, en mi opinión, el contenido es, en esta ocasión, menos potente. No opinan lo mismo, obviamente, los que le dieron el premio. Y ellos tienen, obviamente, más criterio.

En definitiva —y para concluir— creo que hemos tenido la oportunidad de disfrutar de un buen festival de cine. No entiendo por qué se le sigue negando el “reconocido prestigio”. Y creo hay que agradecer el esfuerzo de los que lo hacen posible, aunque siempre se les puede criticar esto o aquello. Cómo no.

El pan nuestro, de José Antonio González (Tonono)

Trabajo muy interesante el que pudimos ver anoche (22 de junio) en los Multicines Monopol de Las Palmas. Varios años después deElPanNuestro que el proyecto se pusiera en marcha, se estrenaba por fin “El pan nuestro”, bajo la dirección de José Antonio González (Tonono), en su primer trabajo como director. Un trabajo ambicioso en el que se vuelven a poner de manifiesto varias cosas: la primera es que se puede hacer una película histórica con los escasos presupuestos que maneja el cine independiente en las Islas. Hay precedentes (Daniel León Lacave, Armando Ravelo, etc.) pero no son muchos. Es evidente que Tonono ha tenido que hacer un gran esfuerzo para conseguir esa magnífica ambientación (localizaciones, decorados, vestuarios, vehículos, etc.). En este aspecto, “El pan nuestro” se merece un diez.

La segunda cosa que se pone de manifiesto (nuevamente) es que la historia de Canarias interesa a mucha gente y, particularmente, la historia de la guerra civil. La sala estaba prácticamente llena. Es falso, por tanto, que la gente esté harta de películas de esta temática. La guerra civil fue el hito principal en torno al que gira toda la historia contemporánea de España y de Canarias y sin comprenderla no se puede entender la realidad actual en la que vivimos. Otro sería nuestro país actualmente si otro hubiese sido el desenlace. En Canarias no se había hecho antes ninguna película que tratara directamente el tema de la guerra, con alguna que otra brevísima excepción (“El paseo”, de Juan José Monzón; “Agujero” de Amaury Santana). Ahora ya tenemos una, pero caben muchas más. A muchos les interesa que la guerra de España caiga en el olvido. Son los que, llegado el momento, estarían dispuestos a hacer lo mismo que hicieron. Que no lo consigan.

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[José Antonio González, con parte del equipo técnico y artístico]

Lo tercero que se vuelve a poner de manifiesto es que en esta tierra contamos con actores de talento. Gran trabajo el que hicieron todos los actores de la película: Pino Luzardo estuvo genial, como siempre, y lo mismo José Manuel Trujillo, Alejandro Camacho, el propio Tonono, Madariaga, Indra González, etc. Pero si hubiese que destacar a uno, ese sería Cristo Quintana. Tras su participación en “Mah” (de Armando RaveloCristo Quintana) y en “Los días vacíos” (de Daniel León Lacave), con el gran trabajo que ha realizado en “El pan nuestro”, el actor grancanario se consolida como uno de los nombres destacados del actual panorama cinematográfico en las Islas.

En cuanto al tratamiento de la película, fue un acierto, desde mi punto de vista, poner el foco en la cuestión agraria. Con una sencilla pincelada, “El pan nuestro” nos muestra la rebeldía de los trabajadores rurales contra la opresión caciquil, precisamente en una de las islas (Gran Canaria) en la que esta rebeldía alcanzó mayores cotas en los años finales de la segunda República. Fue en ese contexto en el que se gestó el sanguinario “Anselmo”, el falangista que Tonono quiere presentarnos devorado por los remordimientos al final de sus días (la evolución de este personaje no acabo de verla, pero es el punto de vista del director).

Creo que la historia que Tonono quería contarnos requería una mayor duración y, de hecho, la película se hace muy corta. Uno se queda con ganas de más, deseando comprender mejor la evolución psicológica de los personajes e, incluso, los propios episodios que se narran en la película. La idea de Tonono es hacer una miniserie para la televisión o, en todo caso, un largometraje partiendo de lo ya trabajado. Ojalá pueda conseguirlo, porque “El pan nuestro” lo merece.

Sobre La Nueva Ola Checoslovaca

No hace mNueva Ola Checaucho escuché al historiador del cine Luis Miranda explicar el papel que la situación política internacional suele desempeñar en la evolución de los festivales de cine. Es muy interesante. Me lo ha recordado ahora el magnífico ciclo sobre la “Nueva ola checoslovaca” que ha programado la Filmoteca Canaria y que antes habían programado también otras Filmotecas españolas (Navarra. Zaragoza, etc.) con apoyo del Centro Checo en Madrid.

En los años sesenta, los cineastas que fueron etiquetados en esa “Nova Vlná” desarrollaron un cine de vanguardia (en la línea de otras vanguardias del momento) que criticaba abiertamente la realidad política y social de su país. Y como resultaba que su país era del “bloque comunista”, pues los festivales internacionales del más alto nivel (Cannes, Locarno,Venecia, etc.) no tardaron en utilizarlos, mediante selecciones y premios, como arma para la la guerra (para la “guerra fría”, en este caso). Esto no significa que las películas de esta “nueva ola” no tuvieran gran calidad. Al contrario, que tuvieran esa calidad era, probablemente, requisito para que pudieran ser utilizadas de esa forma. Hay que tenerlo en cuenta para no caer en una visión de la historia del cine mundial determinada por unos intereses económicos y políticos muy concretos.

La broma[La broma, de Jaromil Jires, 1969]

Los días vacíos (de Daniel León Lacave)

Anoche (por el 5 de abril de 2016) tuvimos la suerte de poder disfrutar del segundo largomlos diasetraje del cineasta grancanario Daniel León Lacave (Los días vacíos). Lleno casi absoluto en una de las salas grandes de los Multicines Monopol, para ver una película llena de rabia y desesperanza con un final polémico (no sé si esa es la palabra), en la que Daniel nos ha contado lo duros que fueron los noventa para muchos jóvenes (y no tan jóvenes) de este país (y de otros muchos); unos años en los que se habían derrumbado casi todas las esperanzas de cambio generadas en las tres décadas anteriores y en los que, para mucha gente, sólo quedaba trabajar y tirar palante lo mejor que cada uno pudiera, con la “ayuda”, frecuentemente, de las drogas y el alcohol.

Película muy bien realizada, con una cuidada fotografía a cargo de Pablo García Gallego, buen sonido a cargo de Borja Viera Sosa, buen montaje (cargo del propio Daniel) y buenas interpretaciones a cargo de grandes actores de las Islas. Felicidades a Daniel y a todo el equipo de Los días vacíos por este buen trabajo y poner su granito de arena para que el cine canario siga viento en popa a toda vela…

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Mah (de Armando Ravelo)

Buena historia la que nos contaron en los Multicines Monopol a los que asistimos a la última película del director canario Armando Ravelo. Un placer ser uno de los que llenamos un día más la sala para disfrutar de una buena película inspirada en la vida de los antiguos canarios, una temática que sigue interesando a muchísima gente en nuestras Islas, como demuestran los llenos que MAH ha conseguido en sus primeros días de exhibición pública.

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Y uno de los méritos de Armando es precisamente ese: conectar con ese público, darle lo que quiere ver: buenas historias inspiradas en nuestra historia. No es lo único que Armando sabe hacer (lo demostró, por ejemplo, con “El canto del monstruo”), pero no hay duda de que es lo que más le permite llegar al público canario, un público amplio y de todas las edades que demanda este tipo de cine y que responde llenando las salas en las pocas ocasiones que tiene para disfrutarlo.


Uno de los fuertes de MAH es su guión, escrito por el propio Armando. Es una historia sencilla pero bonita, que mantiene el interés del espectador en todo momento. Una historia que vale la pena ser contada. Las diferencias con Ansite son muchas. En MAH Armando presenta a la sociedad indígena en sus propias contradicciones internas, con sus propias luchas, desigualdades e injusticias, al margen de cualquier intento de mitificación y ajena a la guerra venidera. Vemos a los indígenas como seguramente eran, según el conocimiento que actualmente tenemos de ellos. No es una historia pretenciosa. Y esa es una de sus virtudes.


Para contarla, Armando se ha valido de un equipo técnicoMah-Maykol Hernandez y artístico en el que se combina la juventud con la experiencia de artistas de la talla de Maykol Hernandez,Guacimara Correa o Cristo Quintana, aunque si hubiera que destacar una interpretación, me gustaría resaltar ahora la de la niña Yaritza, a la que espero podamos ver nuevamente en futuros proyectos.


Y por último, felicitar a las empresas patrocinadoras (Millac, Quesos Flor Valsequillo, VO Club de Cine, Tasca Rafia y Arakiss Serigrafía y Rotulación) por la sensibilidad que han demostrado con la cultura canaria; y a los Multicines Monopol por seguir poniendo sus salas al servicio del buen cine canario.

Guacimara y la tierra roja (de Raúl Jiménez Pastor)

El pasado jueves tuvimos la oportunidad de ver en Televisión Canaria el segundo largometraje del cineasta canario Raúl Jiménez Pastor, “Guacimara y la tierra roja”. Me pareció un trabajo muGuacimara y la tierra rojay interesante y con gran calidad técnica: preciosa fotografía y sugerente música. El particular uso de la música es, sin duda, una de las características que se va definiendo en el cine de Raúl, y lo vimos también en la genial “Muchachos” (su primer largo). Sin duda, el hecho de que el director también sea músico (bajista) tiene mucho que ver.

La película tiene esa frescura y esa veracidad que también tiene Muchachos, a pesar de ser historias muy diferentes. Es una película de ficción pero por momentos el espectador duda de si lo que está viendo es ficción pura, realidad ficcionada o pura realidad. Me quedo con ganas de saber más de esta historia. En cualquier caso, lo que está claro es que Raúl Jiménez Pastor es, en mi modesta opinión y según mi particular gusto (cada uno tendrá el suyo), uno de los realizadores más interesantes y prometedores que están trabajando en estos momentos en nuestras Islas. Un cineasta capaz de ofrecernos interesantes reflexiones sobre la sociedad de nuestro tiempo y de hacerlo de una forma sencilla y directa, sin pretensiones; historias bien contadas y con calidad artística; cine que te aporta y que cualquiera puede entender. Hay que estar pendiente a su próximo largo (El bombazo) que se encuentra, según creo, en fase de rodaje.

Raúl Jiménez Pastor

[Raúl Jiménez Pastor]

Reflexiones tras Bregando (sobre cine canario)

Por José Acevedo (guionista de Bregando historias)

Pasado ya algo de tiempo desde la última proyección de nuestro documental Bregando Historias, me gustaría ir Cartel-Webhaciendo también yo algunas reflexiones, partiendo de lo aprendido en el proceso de realización del documental, en los debates que se han desarrollado tras las proyecciones y en las críticas y comentarios que se han expresado por internet en blogs y redes sociales.

  1. Existe un cine canario. No hay que entender lo de canario como una etiqueta; simplemente es una forma de acotar el objeto de estudio, saber a qué nos estamos refiriendo. Igual que se puede hablar (y se habla habitualmente) de un “cine americano”, “cine francés” o de un “cine español”, también se puede hablar de un cine canario, si queremos referirnos al cine que se hace en este Archipiélago del Atlántico, como se habla de una geografía canaria, un clima canario o una historia de Canarias. Cuando digo “cine que se hace” me refiero a que se preproduce, produce y postproduce en las Islas. No es suficiente con venir a rodar un par de semanas para obtener los incentivos fiscales. Eso no es cine hecho en Canarias.
  2. Foto claqueta-WebOtra cosa es que se puedan identificar características comunes en el cine canario, que es lo que se podría discutir. ¿En qué medida el hecho de vivir o haber vivido en Canarias influye (no digo determina) en unas maneras concretas de hacer cine, en unos determinados tipos de cine? Es complicado de responder. Las islas no están aisladas; de fuera llegan muchas ideas que son asimiladas por los cineastas locales (festivales como el de Las Palmas o el MiradasDoc de Guía de Isora son una de las vías para esta introducción, pero hay otras muchas). Sin embargo, las ideas, aunque lleguen de fuera, pueden (deben) luego ser reinterpretadas partiendo de cada contexto concreto. El Renacimiento surgió en Italia y luego llegó a España, pero en España encontró un contexto distinto al italiano, y por eso el Renacimiento español no es igual que el italiano. Habría que reflexionar un poco más detenidamente sobre este tema antes de precipitarse a dar una respuesta.
  3. Distinto es cuando se habla de “Nuevo cine canario”. En este caso sí que se trata de una etiqueta, pero también es cierto que los autores que sonClaudioUtrera-Web englobados en el concepto parecen tener ciertas características comunes, más en la forma que en el fondo. Algún entrevistado comentaba al respecto: bienvenida la etiqueta si nos ayuda a vender fuera nuestro cine. Quizás no le falte algo de razón. Al fin y al cabo las etiquetas están para ayudarnos a sistematizar, sintetizar, de alguna forma la realidad existente (por ejemplo, para diferenciar el bote del azúcar del bote de la sal). No creo que haya que rasgarse tanto las vestiduras. El problema estaría, en todo caso, en el sistema de etiquetado que utilicemos, en el criterio seguido. Y ahí estaría mi discrepancia. La etiqueta de “nuevo cine canario” no me gusta por dos razones: 1) porque pone todo el acento en la forma relegando el contenido y 2) porque da a entender que el cine que está fuera es, por oposición, el “viejo cine canario”. Y puestos a pensar, quizás eso que ahora se intenta vender como “nuevo” no sea, en el fondo, tan novedoso ¿Cuándo surgió el cine experimental en Canarias? Por lo menos, hace cuarenta años, quizás más. Y por otra parte, parece evidente que también por los caminos de la narratividad más “clásica” puede hacerse un nuevo cine en Canarias, acorde con los nuevos tiempos en los que nos ha tocado vivir.los dias
  4. En nuestro documental se reflejan las contradicciones existentes entre el cine experimental y el cine narrativo. Si quisimos que se reflejaran fue porque resultaba evidente que esas contradicciones existían e incluso se presentaban a veces en forma de conflicto. Sin embargo, creo que es un error clasificar el cine que se está haciendo en las Islas en esas dos categorías, con esas dos etiquetas, que no hacen referencia sino a una cierta estética, a una cierta postmodernidad del lenguaje. Si atendiéramos al contenido podríamos hacer otras agrupaciones quizás más interesantes. Si nos olvidamos por un momento de cierta estética similar, ¿qué tiene en común —en el saco de lo que han llamado nuevo cine canario—, el David Pantaleón de La Pasión de Judas con el Víctor Moreno de Holidays o el Amaury Santana de Con cuatro cuerdas o, incluso, de Diarios) ¿Y qué tienen en común el Jaime Falero de The Bunker o el Ado Santana de 30 monedas con el Armando Ravelo de Ansite o el Daniel León Lacave de Los días vacíos, siendo todos ellos claros representantes del actual cine narrativo de las Islas? A los defensores del cine narrativo les diría lo que dice uno de los entrevistados en el documental: “el cine narrativo puede contar mucho o puede no contar nada”. Y a los defensores del cine experimental les diría: el cine de autor puede aportar reflexiones interesantes o puede no aportar nada y no pasar de “impostura moderna” (como nos comentaba también uno de nuestros entrevistados). Personalmente, me quedo con lo que me transmita algo, con lo que me remueva algo dentro (como decía otro realizador en el documental), con la película que me cuente algo que me interese, que me llegue a conmover aunque sea un poco, tanto si es narrativa como si es experimental. A ambos lenguajes estoy abierto y en ambos espectros he visto cosas que me han interesado y otras que no me han interesado nada. En ambos.SinDios
  5. Relacionado con esto, me sorprendió el comentario que hace una realizadora en el documental sobre lo difícil que es estar en medio y no gustar ni a unos ni a otros: ni a los que no entienden el cine fuera del puro entretenimiento ni a los que no se interesan por todo aquello que no sea ruptura formal. Sin embargo, quizás de esa zona intermedia es de donde puedan llegar las cosas para mi más interesantes: un cine con mensaje —sí, con mensaje— y con un lenguaje actual —pero comprensible— que pueda llegar a sectores cada vez mayores de nuestra sociedad para servir de instrumento de reflexión, crítica y, por tanto, de transformación social.
  6. Por otro lado está el tema de la universalidad del cine. Me ha parecido detectar una gran confusión a la hora de manejar la contradicción entre lo universal y lo local. Creo que es un error buscar la universalidad rehuyendo lo local. Según nos comentó uno de los cineastas que entrevistamos, se atribuye a Tolstoi una frase: “Si quieresGuarapo ser universal, pinta tu aldea” (no sé si la dijo de verdad, pero es igual). Creo que la frase es correcta. Las películas del Oeste (el western) son universales, y no dejaban de reflejar una realidad geográfica y cronológica muy definida. Si los cowboys pueden ser universales, nuestros guanches también, y cualquier otro personaje sacado de nuestra realidad más cercana. No tiene sentido desenfocar al máximo los fondos para que no se identifique lo más mínimo el paisaje. Creo que es lo que algún cineasta hace con la ilusión —intuyo— de que sus historias podrán ser entendidas en cualquier lugar. Me parece un error. Todas las historias transcurren en alguna parte; no pueden transcurrir en el aire, en el limbo, sobre todo porque estarían vacías. Por otra parte, es cierto que hay sentimientos que son universales, pero no se manifiestan de la misma forma en todas partes.
  7. En el cine canario existe un problema de conexión con el público. Quisimos plantearlo aunque haya gente a la que el solo planteamiento haya podido molestar. Pero eso no significa que tengamos que hacer obras para un público mayoritario. De entrada, nunca vamos a tener un público mayoritario, porque la industria americana tiene copado el mercado y nos asfixia irremediablemente. Seamos realistas: siempre tendremos un público minoritario. Y quizás tampoco tenga sentido aspirar a otra cosa. Pero sí creo que hay que intentar a llegar al público porque el cine es arte y es comunicación; y una y otra cosa necesitan del público: el arte no es arte si no tiene nadie que lo disfrute y lo valore como tal (a veces puede pasar cierto tiempo para que esto suceda); y la comunicación se rompe si no existe receptor y nos quedamos sólo con emisor y mensaje. Minoritario, sí, pero un público; gente a la que contarle nuestras historias. El escritor Antonio Muñoz Molina planteaba hace algunos años en un debate sobre el arte contemporáneo: “¿qué ocurre con un artista, cuando sus principales interlocutores no son en muchos casos el aficionado que contempla o adquiere su obra, sino el comisario estrella que la incluye en una exposición, o la institución pública que lo apadrina?”.
  8. El problema de la exhibición: si la montaña no va a Mahoma, Mahoma va a la montaña. Hay que ir a donde está la gente y no quedarse esperando a que la gente venga. Por lo menos, hay que hacer el esfuerzo por romper la burbuja. Luego, llegaremos o no llegaremos, pero hay que intentarlo. “Hacer cine sólo para festivales es más posible” (como dice un entrevistado en el documental) y puede que permita algunos autores hacer una carrera relativamente exitosa, pero ese camino nos aleja cada vez más del público. No tiene sentido rechazar de plano los festivales, incluso los más “radicales” (como el de Las Palmas o el MiradasDoc, que también tiene su “radicalidad”); a veces se ven cosas realmente interesantes que sin ellos sería difícil ver (en el último Festival de Cine de Las Palmas vi una película que me impactó positivamente: Trasehuntes, del leonés afincando en Catalunya Luis Aller). Pero creo que hay que llevar el cine a la gente. Y si no tenemos salas porque están todas en manos de las multinacionales del entretenimiento (con las excepciones que todos conocemos) hagamos como en los setenta: proyector, pantalla y película bajo el brazo y a recorrer barrios y pueblos. Alguno ya lo está haciendo, con buen resultado.AulaCine

Tengo que reconocer que en la investigación y en el proceso de elaboración del guión de Bregando historias sufrí un cierto síndrome de Estocolmo. A todos entendía y me parecía que todos aportaban algún aspecto que me gustaba, que me convencía. Escuchaba los argumentos de uno, y los entendía; escuchaba los argumentos contrarios, y también los entendía. Fue curioso e inesperado. Puedo decir con total sinceridad que todos me aportaron algo y de todos he aprendido:

  1. Entiendo, por ejemplo, que es necesario que se recuperen las subvenciones autonómicas al cine hecho en Canarias para que no se acabe perdiendo esta generación como se perdieron otras. Pero también entiendo que se debe buscar otro modelo de subvención diferente al que hubo. Por otra parte, está claro que la financiación pública puede tener el efecto no deseado de alejar más al cine del espectador, pues no se le necesita para rentabilizar la obra. Hay que evitar que eso pase. Es complejo pero habría que buscar fórmulas.
  2. Entiendo que el cine, en tanto que arte de nuestro tiempo, tiene que reflejar los problemas de nuestro mundo; pero el compromiso del cineasta —del experimentalmuchachos y del narrativo— tiene que ser auténtico; de lo contrario, el cine de corte más “social” acaba cayendo también en el vacío, como en ocasiones sucede. El que vive en una burbuja no puede luego reflejar los problemas de la gente. Para eso hay que estar en contacto con la gente.
  3. Relacionado con lo anterior, el cine debe ser sincero, debe reflejar lo que uno conoce por su propia experiencia o por la experiencia de los que le rodean. Esa será la mejor forma de conectar con el público y aportar algo a la sociedad.Mah
  4. El cine, como a mí me gusta, tiene que ser entretenimiento y tiene que hacer pensar, pero también tiene que emocionar. ¡Qué difícil conseguirlo!
  5. Los artistas deben volver a ser agitadores, como lo fueron en otros tiempos.
  6. No tiene sentido buscar la universalidad huyendo de nuestra realidad, de nuestra historia .
  7. No puede ser que, como cineasta, el público te de igual, pero también es cierto que el público puede ver cualquier cosa, si se le ayuda a comprender los nuevos lenguajes. Lo narrativo y lo experimental tienen cabida; hay público para todos; pero hay que dirigirse a él. Los festivales están bien, pero hay que moverse también —y principalmente— fuera de ellos.
  8. El apoyo de la televisión es fundamental. Las televisiones públicas deben tener un presupuesto que les permita incrementar su actual nivel de compra de derechos de emisión de cine canario, tanto para ayudar a la producción como a la difusión de nuestro cine. Deben liberarse de un modelo de gestión que les obliga a buscar audiencias de forma únicamente cuantitativa. Hay productos que pueden ir dirigidos a un público muy minoritario pero que luego repercuten de una u otra forma en la sociedad entera. Estos productos deberían tener más espacio en las televisiones públicas.

Estas son las reflexiones que en este momento quería compartir con ustedes. Muchas gracias a todos.