Reflexiones tras Bregando (sobre cine canario)

Por José Acevedo (guionista de Bregando historias)

Pasado ya algo de tiempo desde la última proyección de nuestro documental Bregando Historias, me gustaría ir Cartel-Webhaciendo también yo algunas reflexiones, partiendo de lo aprendido en el proceso de realización del documental, en los debates que se han desarrollado tras las proyecciones y en las críticas y comentarios que se han expresado por internet en blogs y redes sociales.

  1. Existe un cine canario. No hay que entender lo de canario como una etiqueta; simplemente es una forma de acotar el objeto de estudio, saber a qué nos estamos refiriendo. Igual que se puede hablar (y se habla habitualmente) de un “cine americano”, “cine francés” o de un “cine español”, también se puede hablar de un cine canario, si queremos referirnos al cine que se hace en este Archipiélago del Atlántico, como se habla de una geografía canaria, un clima canario o una historia de Canarias. Cuando digo “cine que se hace” me refiero a que se preproduce, produce y postproduce en las Islas. No es suficiente con venir a rodar un par de semanas para obtener los incentivos fiscales. Eso no es cine hecho en Canarias.
  2. Foto claqueta-WebOtra cosa es que se puedan identificar características comunes en el cine canario, que es lo que se podría discutir. ¿En qué medida el hecho de vivir o haber vivido en Canarias influye (no digo determina) en unas maneras concretas de hacer cine, en unos determinados tipos de cine? Es complicado de responder. Las islas no están aisladas; de fuera llegan muchas ideas que son asimiladas por los cineastas locales (festivales como el de Las Palmas o el MiradasDoc de Guía de Isora son una de las vías para esta introducción, pero hay otras muchas). Sin embargo, las ideas, aunque lleguen de fuera, pueden (deben) luego ser reinterpretadas partiendo de cada contexto concreto. El Renacimiento surgió en Italia y luego llegó a España, pero en España encontró un contexto distinto al italiano, y por eso el Renacimiento español no es igual que el italiano. Habría que reflexionar un poco más detenidamente sobre este tema antes de precipitarse a dar una respuesta.
  3. Distinto es cuando se habla de “Nuevo cine canario”. En este caso sí que se trata de una etiqueta, pero también es cierto que los autores que sonClaudioUtrera-Web englobados en el concepto parecen tener ciertas características comunes, más en la forma que en el fondo. Algún entrevistado comentaba al respecto: bienvenida la etiqueta si nos ayuda a vender fuera nuestro cine. Quizás no le falte algo de razón. Al fin y al cabo las etiquetas están para ayudarnos a sistematizar, sintetizar, de alguna forma la realidad existente (por ejemplo, para diferenciar el bote del azúcar del bote de la sal). No creo que haya que rasgarse tanto las vestiduras. El problema estaría, en todo caso, en el sistema de etiquetado que utilicemos, en el criterio seguido. Y ahí estaría mi discrepancia. La etiqueta de “nuevo cine canario” no me gusta por dos razones: 1) porque pone todo el acento en la forma relegando el contenido y 2) porque da a entender que el cine que está fuera es, por oposición, el “viejo cine canario”. Y puestos a pensar, quizás eso que ahora se intenta vender como “nuevo” no sea, en el fondo, tan novedoso ¿Cuándo surgió el cine experimental en Canarias? Por lo menos, hace cuarenta años, quizás más. Y por otra parte, parece evidente que también por los caminos de la narratividad más “clásica” puede hacerse un nuevo cine en Canarias, acorde con los nuevos tiempos en los que nos ha tocado vivir.los dias
  4. En nuestro documental se reflejan las contradicciones existentes entre el cine experimental y el cine narrativo. Si quisimos que se reflejaran fue porque resultaba evidente que esas contradicciones existían e incluso se presentaban a veces en forma de conflicto. Sin embargo, creo que es un error clasificar el cine que se está haciendo en las Islas en esas dos categorías, con esas dos etiquetas, que no hacen referencia sino a una cierta estética, a una cierta postmodernidad del lenguaje. Si atendiéramos al contenido podríamos hacer otras agrupaciones quizás más interesantes. Si nos olvidamos por un momento de cierta estética similar, ¿qué tiene en común —en el saco de lo que han llamado nuevo cine canario—, el David Pantaleón de La Pasión de Judas con el Víctor Moreno de Holidays o el Amaury Santana de Con cuatro cuerdas o, incluso, de Diarios) ¿Y qué tienen en común el Jaime Falero de The Bunker o el Ado Santana de 30 monedas con el Armando Ravelo de Ansite o el Daniel León Lacave de Los días vacíos, siendo todos ellos claros representantes del actual cine narrativo de las Islas? A los defensores del cine narrativo les diría lo que dice uno de los entrevistados en el documental: “el cine narrativo puede contar mucho o puede no contar nada”. Y a los defensores del cine experimental les diría: el cine de autor puede aportar reflexiones interesantes o puede no aportar nada y no pasar de “impostura moderna” (como nos comentaba también uno de nuestros entrevistados). Personalmente, me quedo con lo que me transmita algo, con lo que me remueva algo dentro (como decía otro realizador en el documental), con la película que me cuente algo que me interese, que me llegue a conmover aunque sea un poco, tanto si es narrativa como si es experimental. A ambos lenguajes estoy abierto y en ambos espectros he visto cosas que me han interesado y otras que no me han interesado nada. En ambos.SinDios
  5. Relacionado con esto, me sorprendió el comentario que hace una realizadora en el documental sobre lo difícil que es estar en medio y no gustar ni a unos ni a otros: ni a los que no entienden el cine fuera del puro entretenimiento ni a los que no se interesan por todo aquello que no sea ruptura formal. Sin embargo, quizás de esa zona intermedia es de donde puedan llegar las cosas para mi más interesantes: un cine con mensaje —sí, con mensaje— y con un lenguaje actual —pero comprensible— que pueda llegar a sectores cada vez mayores de nuestra sociedad para servir de instrumento de reflexión, crítica y, por tanto, de transformación social.
  6. Por otro lado está el tema de la universalidad del cine. Me ha parecido detectar una gran confusión a la hora de manejar la contradicción entre lo universal y lo local. Creo que es un error buscar la universalidad rehuyendo lo local. Según nos comentó uno de los cineastas que entrevistamos, se atribuye a Tolstoi una frase: “Si quieresGuarapo ser universal, pinta tu aldea” (no sé si la dijo de verdad, pero es igual). Creo que la frase es correcta. Las películas del Oeste (el western) son universales, y no dejaban de reflejar una realidad geográfica y cronológica muy definida. Si los cowboys pueden ser universales, nuestros guanches también, y cualquier otro personaje sacado de nuestra realidad más cercana. No tiene sentido desenfocar al máximo los fondos para que no se identifique lo más mínimo el paisaje. Creo que es lo que algún cineasta hace con la ilusión —intuyo— de que sus historias podrán ser entendidas en cualquier lugar. Me parece un error. Todas las historias transcurren en alguna parte; no pueden transcurrir en el aire, en el limbo, sobre todo porque estarían vacías. Por otra parte, es cierto que hay sentimientos que son universales, pero no se manifiestan de la misma forma en todas partes.
  7. En el cine canario existe un problema de conexión con el público. Quisimos plantearlo aunque haya gente a la que el solo planteamiento haya podido molestar. Pero eso no significa que tengamos que hacer obras para un público mayoritario. De entrada, nunca vamos a tener un público mayoritario, porque la industria americana tiene copado el mercado y nos asfixia irremediablemente. Seamos realistas: siempre tendremos un público minoritario. Y quizás tampoco tenga sentido aspirar a otra cosa. Pero sí creo que hay que intentar a llegar al público porque el cine es arte y es comunicación; y una y otra cosa necesitan del público: el arte no es arte si no tiene nadie que lo disfrute y lo valore como tal (a veces puede pasar cierto tiempo para que esto suceda); y la comunicación se rompe si no existe receptor y nos quedamos sólo con emisor y mensaje. Minoritario, sí, pero un público; gente a la que contarle nuestras historias. El escritor Antonio Muñoz Molina planteaba hace algunos años en un debate sobre el arte contemporáneo: “¿qué ocurre con un artista, cuando sus principales interlocutores no son en muchos casos el aficionado que contempla o adquiere su obra, sino el comisario estrella que la incluye en una exposición, o la institución pública que lo apadrina?”.
  8. El problema de la exhibición: si la montaña no va a Mahoma, Mahoma va a la montaña. Hay que ir a donde está la gente y no quedarse esperando a que la gente venga. Por lo menos, hay que hacer el esfuerzo por romper la burbuja. Luego, llegaremos o no llegaremos, pero hay que intentarlo. “Hacer cine sólo para festivales es más posible” (como dice un entrevistado en el documental) y puede que permita algunos autores hacer una carrera relativamente exitosa, pero ese camino nos aleja cada vez más del público. No tiene sentido rechazar de plano los festivales, incluso los más “radicales” (como el de Las Palmas o el MiradasDoc, que también tiene su “radicalidad”); a veces se ven cosas realmente interesantes que sin ellos sería difícil ver (en el último Festival de Cine de Las Palmas vi una película que me impactó positivamente: Trasehuntes, del leonés afincando en Catalunya Luis Aller). Pero creo que hay que llevar el cine a la gente. Y si no tenemos salas porque están todas en manos de las multinacionales del entretenimiento (con las excepciones que todos conocemos) hagamos como en los setenta: proyector, pantalla y película bajo el brazo y a recorrer barrios y pueblos. Alguno ya lo está haciendo, con buen resultado.AulaCine

Tengo que reconocer que en la investigación y en el proceso de elaboración del guión de Bregando historias sufrí un cierto síndrome de Estocolmo. A todos entendía y me parecía que todos aportaban algún aspecto que me gustaba, que me convencía. Escuchaba los argumentos de uno, y los entendía; escuchaba los argumentos contrarios, y también los entendía. Fue curioso e inesperado. Puedo decir con total sinceridad que todos me aportaron algo y de todos he aprendido:

  1. Entiendo, por ejemplo, que es necesario que se recuperen las subvenciones autonómicas al cine hecho en Canarias para que no se acabe perdiendo esta generación como se perdieron otras. Pero también entiendo que se debe buscar otro modelo de subvención diferente al que hubo. Por otra parte, está claro que la financiación pública puede tener el efecto no deseado de alejar más al cine del espectador, pues no se le necesita para rentabilizar la obra. Hay que evitar que eso pase. Es complejo pero habría que buscar fórmulas.
  2. Entiendo que el cine, en tanto que arte de nuestro tiempo, tiene que reflejar los problemas de nuestro mundo; pero el compromiso del cineasta —del experimentalmuchachos y del narrativo— tiene que ser auténtico; de lo contrario, el cine de corte más “social” acaba cayendo también en el vacío, como en ocasiones sucede. El que vive en una burbuja no puede luego reflejar los problemas de la gente. Para eso hay que estar en contacto con la gente.
  3. Relacionado con lo anterior, el cine debe ser sincero, debe reflejar lo que uno conoce por su propia experiencia o por la experiencia de los que le rodean. Esa será la mejor forma de conectar con el público y aportar algo a la sociedad.Mah
  4. El cine, como a mí me gusta, tiene que ser entretenimiento y tiene que hacer pensar, pero también tiene que emocionar. ¡Qué difícil conseguirlo!
  5. Los artistas deben volver a ser agitadores, como lo fueron en otros tiempos.
  6. No tiene sentido buscar la universalidad huyendo de nuestra realidad, de nuestra historia .
  7. No puede ser que, como cineasta, el público te de igual, pero también es cierto que el público puede ver cualquier cosa, si se le ayuda a comprender los nuevos lenguajes. Lo narrativo y lo experimental tienen cabida; hay público para todos; pero hay que dirigirse a él. Los festivales están bien, pero hay que moverse también —y principalmente— fuera de ellos.
  8. El apoyo de la televisión es fundamental. Las televisiones públicas deben tener un presupuesto que les permita incrementar su actual nivel de compra de derechos de emisión de cine canario, tanto para ayudar a la producción como a la difusión de nuestro cine. Deben liberarse de un modelo de gestión que les obliga a buscar audiencias de forma únicamente cuantitativa. Hay productos que pueden ir dirigidos a un público muy minoritario pero que luego repercuten de una u otra forma en la sociedad entera. Estos productos deberían tener más espacio en las televisiones públicas.

Estas son las reflexiones que en este momento quería compartir con ustedes. Muchas gracias a todos.